Revoluciones e Ideales en el Régimen Soviético: Hungría 1956

No hubo miedo. No hubo mesura, sólo un ente colectivo unido en un fusil liberador y en un anhelo en común: la libertad.

Nombre: bujarín
Ubicación: Chile

22 años

jueves, diciembre 15, 2005

Después de la Revolución

János Kádar al llegar a Budapest el 7 de noviembre sólo contaba con el apoyo de la URSS. Su pueblo lo veía a él como un traidor. Debido a ello se desplegó una nueva oleada de huelgas generales y se empezaron a reivindicar nuevas proclamas revolucionarias del Consejo Obrero Central de Gran Budapest y la Federación de Escritores, entre otras.
Desde el comienzo, Kádar intentó negociar con todos los agentes políticos, incluso con Nagy. No tuvo éxito alguno. Un grupo exigía la independencia total de Hungría y una división mínima de los poderes del Estado.
En la primavera de 1957, acordó con la URSS mantener en el exilio a Rákosi y a otros ex dirigentes. Un año antes, 1956, el POSH aprobó la resolución que consideraba los acontecimientos de octubre como contrarrevolucionarios, por lo que Nagy era un traidor.
Desde 1956 se eliminaron todas las instituciones creadas por la revolución y se inició la persecución política y la represión. Entre 1958-60, la represión de Kádar ya se caracterizaba por la venganza masiva. Este período represivo afectó a más de 100 mil personas: decenas de miles fueron internados, se iniciaron procesos contra 35 mil personas, de las cuales 26 mil fueron mandadas a prisión y ajusticiaron a 230 personas, fusilándolas.
La cúspide de la venganza la constituyó la ejecución de Imre Nagy y sus camaradas el 16 de junio de 1958. El juicio preconcebido contra el Primer Ministro, hecho salir del país con falsas promesas de amparo político que le brindaba la embajada yugoslava, fue el último gran juicio político del modelo estalinista en la europa del este.
Kádar, por su parte, implantó algo así como un despotismo ilustrado. Es decir, si la alta cúpula comunista del país era capaz de asegurar el bienestar general, estabilidad económica y flexibilidad cultural, el pueblo no se dedicaría a la actividad política... todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

La Fase Final


A pesar de los logros, las ambiciones de Nagy llegaban más allá de éstos. Él quería la retirada completa de las tropas soviéticas de Hungría.

A esta fecha la situación era muy confusa: en la capital, Budapest, el poder estaba en manos de Nagy, quien era vigilado por los diversos movimientos y partidos, resusitados por la reciente libertad ganada; en las provincias, en cambio, el verdadero poder recaía en los disímiles comités revolucionarios. En cierto modo, reinaba una tensa paz armada. El hecho de que terminase la lucha armada y las desiciones del gobierno, daba cierta estabilidad y armonía a la sociedad.
En estos días el país vivió una atmósfera de libertad excepcional. Se liberó a los presos políticos, entre ellos el cardenal Mindszenty -símbolo de la resistencia en 1948- y aparecieron decenas de mios de comunicación escritos.
Esta seudo armonía se rompió entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre. Entre estos días hubo claros indicios de que en Moscú no estaban conformes con los acontecimientos y que era muy probable una nueva intervención armada. Nagy estaba entre la espada y la pared. El pueblo seguía demandando autonomía e independencia, mientras que el Kremlin insistía en una solución bajo sus criterios. Había que actuar rápido. Finalmente, Nagy optó por escuchar la voz de su pueblo y tomó resoluciones históricas, como la del 1 de noviembre: la retirada de Hungría del Pacto de Varsovia y la declaración de su neutralidad. Los soviéticos ya habían tolerado mucho, y quizás hubieran tolerada, a regañadientes, muchas nuevas reformas, pero permitir a Hungría salirse del Pacto de Varsovia y considerarla como potencia neutral ¡jamás! Era imperdonable e intolerable.
Estas medidas fueron muy bien recibidas por la gente, ya que los consejos de obreros de Budapest hicieron un llamado a retomar sus puestos de trabajo, se restableció la seguridad pública y se comenzó a limpiar los escombros, mientras que en las provincias ratificaban su apoyo al gobierno de Nagy.
Al mismo tiempo, se produjo un quiebre en la cúpula de la revolución, debido a las radicales medidas de Nagy. Kádar, en un pérfido acto, el 1 de noviembre a la embajada soviética y después a Moscú, en donde tras largas negociaciones los días 2 y 3 formó un contragobierno, el que asumió el poder el 4 con la ayuda militar de la URSS.
Como narra Bogdan en su libro Historia de europa del este, "en la mañana del 4 de noviembre la artillería pesada y la aviación efectuaron un intenso bombardeo de la capital mientras los tanques penetraban desde todas las direcciones de la ciudad". Nuevamente la resistencia popular salió a las calles para defender sus logros, pero esta vez los soviéticos mostraron un despliegue militar que les permitió acabar con la heroica sublevación en tres días. Sin embargo, les tomó varias semanas eliminar los espontáneos focos de resistencia popular. El 13 de noviembre ya estaba todo bajo control. Nagy huyó a la embajada de Yugoslavia y luego de unos días fue entregado y arrestado por los soviéticos. La revolución había fracasado.
"El 4 de noviembre la población húngara se enteró que János Kádar había formado un gobierno contrarrevolucionario obrero y campesino para restaurar la paz y el orden interno, proteger los resultados logrados por el socialismo, elevar rápidamente el nivel de vida de los trabajadores, aplastar las fuerzas nefastas de la reacción y restaurar la calma y el orden gracias a la ayuda del Kremlin". (Bogdan).
Con la instauración del nuevo orden vino un duro periodo de represión. Hubo miles de arrestos, centenares fueron condenados a muerte y muchos fueron expatriados. En cuanto al líder de la revolución libertaria, Imre Nagy, éste fue condenado a muerte tras un proceso secreto y ejecutado el 16 de junio de 1958.

El Estallido Social.
"Pronto se unieron a los estudiantes los obreros venidos de los suburbios y los transeúntes. Ante el edificio de la Radio, donde los estudiantes pedían que se radiodifundieran sus reivindicaciones, los miembros de la Policía Política (AVO), hicieron fuego contra la multitud. Entonces la manifestación adquirió un carácter diferente y degeneró en motín. Algunos soldados del ejército húngaro, en vez de restablecer el orden, como se les había ordenado, distribuyeron sus armas entre los manifestantes" (Henry Bogdan, La Historia de los Países del Este).
El día 6 de octubre de 1956 se dio lugar en Hungría a la celebración simbólica del reentierro de László Rajk, víctima del régimen de Rákosi en 1949. Este acontecimiento es asociado con la decadencia del estalinismo y las ansias del pueblo por sepultarlo también.
Ocho días después del acto ya mencionado, el Comité Central anunció al incorporación de Imre Nagy al Partido, hecho que causó espontáneas manifestaciones de alegría en gran parte del país. Estos hechos dieron pie a los estudiantes de Szeged, Debrecen y Budapest para formar asociaciones independientes de la institucionalidad del Partido (Federación Juvenil Democrática). Esta nueva organización política se llamó Organización Unificada de Estudiantes Universitarios y de Institutos Superiores de Hungría (MEFESZ).
Los estudiantes de Budapest redactaron un manifiesto de catorce puntos, en el que exigían el retorno de Ngy a la cabeza del gobierno, el retiro de las tropas soviéticas, elecciones libres y secretas con pluralidad de listas, así como la libertad total de prensa y de creación artística; además de la independencia económica y el restablecimiento de los símbolos y fiestas nacionales.
Con el fin de expresar solidaridad con el pueblo polaco, debido a sus recientes logros, los estudiantes de Budapest organizaron una manifestación pacífica para el día siguiente en el lugar donde estaba la estatua del héroe polaco de la revolución y guerra de independencia húngara de 1848-49, József Bem.
El día 23 de octubre no eran solamente los estudiantes quienes marchaban sino toda la población de la capital. En vez de los lemas de la posición partidista, la multitud comenzó a reclamar la independencia nacional y, en vez de la democracia socialista, pedían tan sólo democracia, sin adjetivo alguno.
Eran cerca de 200 mil personas, quienes estaban divididas en las que esperaban el discurso frente al parlamento de Imre Nagy; los que derribaban una estatua de Stalin; y los que incendiaban retratos de dirigentes comunistas y libros escritos en ruso, además de los que pedían que sus proclamas se radiodifundieran a todo el mundo.
Nagy hizo su discruso el día acordado a las nueve de la noche, en el que llamó a la calma y a retomar el orden de 1953, cosa que la gente no asimiló bien, puesto que estaban convencidas de la necesidad de su rol activo para mejorar la situación. El país estaba más vivo que nunca. Paralelamente, Gero pedía auxilio militar a la URSS, mas las tropas soviéticas ya estaban alertas.
La insurrección armada estalló la noche del 23 de octubre cuando las fuerzas de la Autoridad de Defensa del Estado (AVH) abrieron fuego contra los manifestantes que trataban de tomarse la radio para difundir sus reivindicaciones.
Tras algunas negociaciones, Imre Nagy asumió como Primer Ministro el 24 de octubre con el fin de acabar con la revolución. Por su parte, la dirección del Partido decidió intervenir con las armas para poner fin a la rebelión contrarrevolucionaria.
Los manifestantes al ver el ingreso de las tropas y tanques soviéticos el 24 de octubre no dieron ni un paso atrás, sino que entablaron una lucha frontal contra ellos. Los jóvenes creían en la liberación de su pueblo del yugo estalinista a través de la lucha armada y el heroísmo personal.
Era tal el espíritu de lucha que caracterizó a los manifestantes que durante esos días los delitos comunes fueron mínimos: nadie saqueó las mercancías de los almacenes e incluso los comandantes pagaban por los abastecimientos solicitados para los combatientes. Budapest estaba unida por fuertes lazos de fraternidad.
En los días posteriores al 23 de octubre, se crearon en todo el país Comités Revolucionarios, haciendo temblar al Estado estalinista. El país estaba en una huelga política generalizada. Las masas se tomaron las plazas públicas y sacaron propagandísticos del régimen.
Había un consenso en los sublevados que consistía en alcanzar tres metas principales: 1-. independencia nacional, 2-. estructura política democrática civil y 3-. conservación de los logros sociales.
Mientras seguía desatándose el caos social el debate político estaba en su clímax. Nagy, por un lado, trataba de mantener el diálogo y la línea dura del régimen, por el otro, quería terminar cuanto antes con la sublevación. Nagy era un instrumento fundamental para los sociéticos, puesto que ellos sabían que sin él el orden sólo podría alcanzarse por medio de una masacre.
El día 25-26 de octubre se abrió fuego indiscriminado contra manifestantes que estaban desarmados frente al Parlamento. El resultado de estas jornadas fue el de centenares de muertos. El mismo 25 de octubre, Gero fue presionado por los soviéticos y dejó la dirigencia del Partido en manos de János Kádar.
El 27 se formó un nuevo gobierno encabezado por dos prestigiosas personalidades del Partido de pequeños propietarios: el ex presidente Zoltán Tildy y Bela Kóvacs, quien venía saliendo de la cárcel soviética. Después de tres sesiones de debate, Imre Nagy logró importantes avances, tales como hacer considerar la contrarrevolución como un movimiento democrático nacional y poner fin al fuego contra los sublevados.
En lo que son las reivindicaciones revolucionarias, las tropas soviéticas fueron retiradas de Budapest y el 30 de octubre Nagy proclamó el sistema pluripartidista. Esto se traducía en volver al sistema de gobierno de coalición de 1945 y al reconocimiento de organizaciones locales, tales como los consejos de obreros de las fábricas.

Antecedentes Internos de la Revolución: despersonalización, liberalización del régimen y oposición declarada.
A mediados de junio de 1953, existía la sensación de que si no se hacían profundas reformas estructurales políticas, el sistema comunista entraría en una aguda e irreversible crisis. Debido a esto la alta cúpula de la dirección del parti soviético mandó llamar a una delegación del Partido de los Trabajadores de Hungría para darles a conocer las nuevas estrategias a seguir.
Se le comunicó al Secretario General del Partido Húngaro, Mátyás Rákosi, que había que ponerle fin al proceso de industrialización forzada, a la campaña de organización de cooperativas agrícolas, subir el nivel de vida de los ciudadanos y abandonar la práctica de infundir terror en la población. Además, el Kremlin decidió terminar con el personalismo híngaro de Rákosi y le dio la orden a éste de transferir el cargo de Primer Ministro a Imre Nagy.
Nagy ya había criticado entre 1947-49 la forma de tomarse y ejercer el poder de los comunistas. Además, ya era conocido por la gente, dado que en 1945 había sido Ministro del Interior y por llevar a cabo medidas liberadoras -o libertarias si se quiere- como la apertura de las cárceles y la descolectivización de las tierras. El gobierno del Primer Ministro Nagy, comenzó a desempeñarse en 1953 y con su programa llamado "Una nueva etapa de la construcción del socialismo" se hizo notar como una figura política disidente de la línea de Rákosi.
Entre sus logros se destacan el freno al desarrollo forzoso de la industria pesada, retuvo las inversiones excesivamente costosas, redujo las obligaciones impositivas, permitió a los miembros de las cooperativas salirse de ellas y poner fin a la organización de nuevas granjas colectivas. También, terminó con los desplazamientos poblacionales y dictó una ley de amnistía para algunos presos políticos. En 1954 comenzó a revisar el procedimiento de algunos juicios políticos. Imre Nagy había socavado en gran parte la sensación de terror de la ciudadanía. No cabe duda que estas medidas ayudaron a liberalizar, dentro de lo posible para la altura de su tiempo, el régimen.
a medida que iban entrando en vigencia las modificaciones de Nagy, éste iba ganando más y más apoyo en la gente, lo que le dio una fuente de legitimidad indiscutible, ya que el pueblo consideraba al Primer Ministro como un hombre que quería llevar a Hungría hacia un socialismo con rostro humano. Sin embargo, la reacción de la élite política fue hostil a las reformas, ya que a medida que se iban dando a conocer los resultados de lso juicios políticos en proceso, muchos de ellos se encontraron entre la espada del juicio moral y la pared. Rákosi observaba atento cada movimiento de Nagy y la URSS, por su parte, confirmaba su apoyo al Primer Ministro.
Nagy hablaba de democratizar el Partido y de la apertura para ejercer la libertad de crítica.En marzo de 1955, Rákosi con la ayuda de Molotov, Viacheslav y Kaganovch, derrocaron a Nagy haciéndole perder todos sus cargos políticos. No obstante, a pesar de estar destituida la fracción política del movimiento que se estaba gestando, dentro de la sociedad civil los ideales estaban más vivos que nunca.
La oposición no partidista, compuesta por escritores, periodistas y universitarios demandaban la continuidad de los proyectos reformadores; por su parte, la oposición partidista demandab, antes que todo, la destitución de Rákosi y sus camaradas. Entre 1955-56 la prensa anunciaba a viva voz el descontento general del país, por lo que la dirección de Rákosi estuvo a punto de caer. La oposición se asentuaba más aún en los debates abiertos, en las tertulias del Círculo Petofi, compuesto por la intelectualidad de Budapest.
A Rákosi se le acababan las ideas y el poder popular disidente aumentaba. Hay que sumar el estallido de la sublevación obrera polaca en Poznan, lo que avivó las esperanzas de los húngaros. Debido a la enorme presión social, en julio de 1956 destituyeron a Rákosi y en su lugar pusieron a Gero: segunda figura del Partido Moscovita. Éste entró a negociar con János Kádar, representante del área de estalinistas moderados del Partido, para llegar a acuerdos políticos.


Antecedentes externos de la Revolución: muerte de Stalin y el "Octubre Polaco".

Tras la muerte del líder soviético José Visarionovich Chugachvili –Stalin- , el 5 de marzo de 1953, comienza el periodo de desestalinización de los regímenes socialistas en la zona europea oriental. Vale decir, en la mayoría de los países de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) comenzaron a dictarse ciertas reformas que embalsamaron, en cierto modo, la estructura político-social de los Socialismos Reales. Esto se tradujo, entre otras cosas, en una mínima mayor libertad de prensa y expresión, en el aligeramiento de las colectivizaciones forzosas y en una vigilada apertura comercial hacia los países del bloque occidental.
Hay que agregar que en febrero de 1956 se celebró el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, ceremonia en la que se aceleró el estallido de una crisis que se venía incubando en los países que conformaban el Tratado de Varsovia. En una sesión a puertas cerradas y con la presencia únicamente de los mandos más altos de la cúpula del Partido, Nikita Khruschev procedió a leer un informe en el cual denunciaba los innumerables abusos cometidos por las políticas de Stalin, además de cuestionar el excesivo culto a la personalidad de éste. Era una crítica interpeladora que venía desde el interior del mismo Komitern. Algo estaba pasando. En el aire se podía oler la tensión previa a la coyuntura.
Este informe causó gran impacto. No pasó mucho tiempo para que éste se conociera en gran parte de europa del este y occidental. El descontento que provocó el Informe Khruschev en la ciudadanía, sumado a las condiciones de vida que aquejaban al pueblo -la persecución política, la represión social y la dosificada libertad que tenían-, llevó a la masa a manifestarse en contra del status quo y a cuestionar los fundamentos del régimen y su funcionalidad.
Es de importancia mencionar los acontecimientos vividos en Polonia. Días antes del estallido húngaro, los obreros polacos demandaron al sistema político soviético una mayor liberalización del régimen. Esto se tradujo en masivas manifestaciones callejeras, las que fueron reprimidas cruentamente por los militares. había que actuar rápido. para los dirigentes del Kremlin, lo importante era mantener a Polonia dentro del campo socialista y al mismo tiempo satisfacer las demandas del pueblo. La decisión fue la de nombrar a Gomulka como Primer Secretario del Comite Central. Las medidas tomadas por éste para calmar la tensa situación fueron, entre otras, dar la posibilidad a los campesinos de retirarse de las cooperativas y decretar la libertad de culto católico, siempre que la Iglesia Católica apoyara al poder popular. Los polacos quedaron conformes con las reformas y Gomulka y, por su parte los soviéticos también, ya que para ellos lo importante era que Polonia siguiera dentro del bloque de influencia sociética y que su régimen mantuviera la línea socialista.

jueves, octubre 20, 2005

"Sueños de una libertad imposible"



"Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras, y la paz breve más que duradera. No os exhorto a que trabajéis, sino a luchar. No os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Qué la lucha sea vuestra trabajo y la victoria vuestra paz! Sólo se puede estar callado y tranquilo cuando se tiene a mano un arco y una flecha; de lo contrario no se hace más que charlar y discutir. La victoria debe ser vuestra paz. Friedrich Nietzsche "Así habló Zaratustra"

En la Revolución Húngara de 1956 confluyen varios elementos que hacen de este episodio un hecho atractivo. Hungría era un satélite más de la Unión Soviética y, al estar supeditado a un régimen unipartidista y verticalmente impositivo, sus libertades cívicas estaban coartadas.
En la revolución, jovenes estudiantes se enamoran ciegamente de un ideal: La Libertad. Llega a tal punto su convicción que son capaces de tomar los fusiles e intentar recuperar por la fuerza su sueño. Sin embargo, tal ambición les quedó grande para la altura de su tiempo, puesto que si bien el proceso revolucionario aspiraba a acelerar la evolución natural del acaecer burocrático de la historia, las fuerzas que lo movían no estaban aún coecionadas cuantitativa ni cualitativamente para ser una fuerza considerable para llevar a cabo tal objetivo.